Jóvenes aún más precarios: crisis económica y desigualdad laboral en España

Young people even more precarious: economic crisis and labour inequality in Spain

Jovens ainda mais precários: crise económica e desigualdade trabalhista em Espanha

Antonio Echaves a, Carlos Echaves b
aDoctor en Sociología. Centro de Sociología y Políticas Locales, Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. aechgar@upo.es
bDoctorando en Sociología Investigador FPI en el Instituto de Economía, Geografía y Demografía, CSIC
DOI: 10.22400/cij.2.e007
RESUMEN

Desde el año 2008 el desempleo juvenil ha ido aumentando progresivamente hasta alcanzar valores alarmantes en la actualidad. El efecto de la crisis en este sentido es palpable. No obstante, mayores tasas de paro, mayor temporalidad (y empleos a tiempo parcial) y menores salarios, respecto al conjunto de la población, existían antes de la recesión económica. Es por esto por lo que se podrá afirmar que la mayor vulnerabilidad en el desempleo, peores condiciones laborales y mayor precariedad del colectivo juvenil es algo estructural de nuestro mercado de trabajo y que la crisis no ha hecho más que agravar. Recurriendo a fuentes europeas y nacionales se corrobora no sólo la posición de desventaja de los jóvenes (16 a 29 años) respecto a la población tomada en su conjunto, sino también la existencia de profundas desigualdades antes y durante la crisis dentro del colectivo juvenil, siendo los más jóvenes y las mujeres los más precarios y vulnerables dadas sus características laborales diferenciales.

PALABRAS CLAVE
jóvenes, crisis económica, desempleo, precariedad laboral, desigualdad
ABSTRACT

Since 2008 youth unemployment has been increasing progressively to reach alarming values today. The effect of the crisis in this aspect is palpable. However, higher rates of unemployment, greater temporality (and part-time jobs) and lower wages, in relation to the whole population, existed before the economic recession. For that reason, it can be affirmed that the greater vulnerability in unemployment, worse working conditions and more precariousness of the youth group is something structural of our labor market and that the crisis has only aggravated. Using European and national sources, not only the disadvantaged position of young people (16 to 29 years) is confirmed in relation to the population taken as a whole, but also the existence of deep inequalities before and during the crisis in the youth group, being the youngest and women the most precarious and vulnerable given their differential labor characteristics.

KEYWORDS
young people, economic crisis, unemployment, labour precariousness, inequality
RESUMO

Desde o ano 2008 o desemprego juvenil tem ido aumentando progressivamente até atingir valores alarmantes na atualidade. O efeito da crise assim é palpável. Não obstante, maiores taxa de desemprego, maior temporalidade (e empregos a tempo parcial) e menores salários, com respeito ao conjunto da população, existiam dantes da recessão económica. É por isto pelo que poder-se-á afirmar que a maior vulnerabilidade no desemprego, piores condições trabalhistas e maior precariedade do coletivo juvenil é algo estrutural de nosso mercado de trabalho e que a crise não tem feito mais que agravar. Recorrendo a fontes europeias e nacionais se corrobora não só a posição de desvantagem dos jovens (16 a 29 anos) com respeito à população tomada em seu conjunto, sina também a existência de profundas desigualdades dantes e durante a crise dentro do coletivo juvenil, sendo os mais jovens e as mulheres os mais precários e vulneráveis dadas suas características trabalhistas diferenciais.

PALAVRAS CHAVE
Jovens, crise económica, desemprego, precariedade trabalhista, desigualdade
Recibido / Received / Recebido  10/11/2016,  Aceptado / Accepted / Aceito  25/01/2017,  Publicado / Available / Publicação  31/01/2017 
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Sumario

► Introducción ► La desigual incidencia del desempleo juvenil en Europa ►  El deterioro de la situación laboral de los jóvenes en España ► Conclusiones ► Bibliografía

1 Introducción

La juventud está inmersa en una situación de creciente precariedad económica como consecuencia del deterioro del mercado de trabajo. La crisis no ha hecho más que agravar la inestabilidad económica y laboral de los jóvenes, características, no obstante, endémicas y persistentes de este colectivo desde hace décadas. Aunque el desempleo juvenil y empeoramiento de su situación ocupacional es una tendencia generalizada en toda Europa, no todos los jóvenes viven esta situación del mismo modo; se aprecian diferencias significativas por países e incluso dentro del mismo colectivo juvenil, en base a una serie de características o atributos, éstas son relevantes.

Efectivamente, aun siendo la recesión económica común a todo el continente y a pesar de que muchos de los jóvenes europeos se enfrentan en la actualidad a un mercado laboral desregularizado y precario con elevadas tasas de paro, el impacto de la actual situación económica ha sido muy dispar según países, siendo los jóvenes del sur de Europa los que presentan mayores niveles de desempleo. En ello han tenido que ver los mayores déficits estructurales del mercado de trabajo en dichas regiones meridionales, los cuales explicarían peores condiciones laborales, mayor precariedad en el empleo y una mayor exposición ante situaciones de recesión económica, como la que actualmente vivimos.

Al comienzo del artículo, por tanto, la atención se dirigirá al análisis de la situación laboral de los jóvenes españoles en un marco comparado europeo que nos permita establecer las características que definen la especificidad de nuestro país para, a continuación, estudiar en detalle la situación laboral del colectivo juvenil en nuestro país, diferenciando eso sí, por sexo y cohortes de edad.

2 LA DESIGUAL INCIDENCIA DEL DESEMPLEO JUVENIL EN EUROPA

En todos los países de la Unión Europea, incluido España, las tasas de desempleo de los jóvenes son por lo general más altas que en el conjunto de la población (Eurostat, 2015). Ciertos niveles de desempleo en determinadas cohortes de los jóvenes es en parte explicable, dado que muchos jóvenes a ciertas edades están o bien compatibilizando estudios y trabajo (Toharia, 2004), o están probando oportunidades en el mercado laboral. No obstante, elevadas tasas de desempleo juvenil también pueden reflejar incapacidad del mercado, debido a su naturaleza, para absorber la mano de obra que supone el colectivo juvenil, lo que estaría reflejando un problema estructural. Efectivamente, ciertas investigaciones coinciden en afirmar que los jóvenes europeos se enfrentan hoy a un mercado laboral desregularizado y precario que poco tiene que ver con el mercado laboral en el que transitaron sus padres (Bernabeu et al., 2013). Es un contexto laboral, fruto de la nueva economía globalizada, que ha modificado las formas de relacionarse con el mismo.

La destrucción de empleo a partir de 2008, lejos de haber sido homogénea para todos los grupos de edad, ha tenido una especial virulencia entre las cohortes más jóvenes (menores de 24 años), tal y como puede apreciarse en la imagen 1.

Según sexo, la tasa de paro juvenil en 2014 para el conjunto de la Unión Europea es ligeramente superior entre los hombres (imagen 2), una realidad que se reproduce en la gran mayoría de los países (incluido España), salvo en Grecia y en Italia.

Imagen 1. Evolución de la tasa de paro juvenil en la Unión Europea (UE27), por grupos de edad. Fuente: Eurostat, Population and Social Conditions of Youth.

En ambos países mediterráneos el desempleo es superior en el colectivo femenino, una diferencia que se acentúa aún más en el caso de Grecia. Más allá de las disparidades según sexo, la imagen 2 es interesante desde el punto de vista de las diferencias internas del espacio europeo, poniéndose de manifiesto que la incidencia del desempleo es muy dispar en los distintos países del continente. Junto a Grecia y a Italia, los valores a continuación más elevados se encuentran en España, con una tasa de paro juvenil en 2014 del 39,7%. Así pues, los países del sur de Europa conformarían un grupo más afectado por el desempleo juvenil y, en cualquier caso, alejado de países del centro y del norte de Europa, como Alemania; Dinamarca; Países Bajos o Reino Unido.

Otro aspecto que refleja tanto las debilidades estructurales de la economía como el impacto que la crisis está teniendo en los jóvenes europeos, es el referido al desempleo de larga duración -más de 12 meses. Según datos de Eurostat, para el conjunto de la UE de los 27, el porcentaje de jóvenes de 15 a 29 desempleados de larga duración desciende desde el 6% a comienzos de la década de los 2000 al 3% en 2008, para a continuación aumentar progresivamente hasta alcanzar máximos en el 2013; 7%. En este sentido pues, el efecto de la crisis es claro. Las variaciones internas en Europa son también muy significativas para este indicador, como consecuencia del impacto diferencial que ha tenido la crisis en los mercados laborales de los distintos países europeos (imagen 3).

Imagen 2. Tasa de paro juvenil en distintos países europeos, según sexo (2014). Fuente: Eurostat, Population and Social Conditions of Youth.

Nuevamente, son los países mediterráneos donde el impacto de la crisis sobre el desempleo juvenil de larga duración es más claro. Especialmente alarmante es la situación griega: en 2014 la tasa de desempleo de larga duración para los jóvenes de 15 a 29 años alcanza el 29,4%, mayor aún para mujeres que para hombres.  En Italia este indicador se sitúa en el 18,5% y en España representa el 16,5%.

Como se acaba de ver, es en el sur de Europa donde existe mayor desempleo juvenil, Y cuando los jóvenes están inmersos en el mercado laboral, estos países mediterráneos también muestran mayores porcentajes de jóvenes empleados con contratos temporales, según Eurostat. Concretamente España, con un 59,1%, se sitúa como el país europeo (UE de los 27) con el mayor porcentaje de jóvenes con contratos temporales (respecto al total de jóvenes ocupados) en 2014. La desigual incidencia de la temporalidad entre los distintos países europeos puede ser consecuencia, entre otros factores, de la configuración de los mercados laborales (Henar y Segales, 2015) y de las políticas en el ámbito laboral adoptadas por cada país (Moreno, 2012), que no serían sino un reflejo de la naturaleza de los Estados-tipologías de Bienestar en las que se desarrollan (Rodríguez, 2016). En cualquier caso, cuando la temporalidad va unida a elevadas tasas de desempleo juvenil, como es el caso de España, es un síntoma claro de precariedad, lo que puede incrementar el riesgo de marginalización y exclusión social de nuestros jóvenes, a la vez que se acrecienta la incertidumbre sobre la situación personal y el futuro (Rocha, 2012).

Imagen 3. Tasa de paro juvenil de larga duración (más de 12 meses) en distintos países europeos, según sexo (2014). Fuente: Eurostat, Population and Social Conditions of Youth.

3 EL DETERIORO DE LA SITUACIÓN LABORAL DE LOS JÓVENES EN ESPAÑA

3.1 PRINCIPALES MAGNITUDES: ACTIVOS Y OCUPADOS

La reducción del contingente juvenil en términos demográficos (Fernández Cordón, 2006; Delgado, 2004) tiene un claro impacto en el mercado laboral, tanto en la población que está en edad de trabajar como en la población activa y ocupada. La EPA muestra que mientras el conjunto de la población en edad de trabajar aumenta en España cerca de 8 millones desde comienzos de la década de los noventa del pasado siglo XX hasta el 2014, la población joven disminuye, lo que se traduce en un descenso continuado del porcentaje de jóvenes respecto a la población total en edad de trabajar. Un descenso que, además, parece ser independiente de las coyunturas económicas y que se ha producido tanto en momentos de bonanza como en los recesivos (Serrano y Soler, 2015).

Esta caída también se constata si analizamos a las personas que participan en el mercado laboral, esto es, la población económicamente activa y la población ocupada. Por un lado, la población económicamente activa de 16 a 29 años ha disminuido desde 2006 en 1,9 millones de personas, pasando de 5,7 millones en 2006 a 3,8 millones en 2015, mientras que el resto de población activa (de más de 30 años) aumenta en ese mismo periodo de tiempo en torno a los 3 millones (según datos de la EPA). Nuevamente, por tanto, un incremento considerable de la población total (en este caso activa) cercano a 1,1 millones en los últimos diez años va acompañado de un descenso de la población juvenil en términos absolutos. En términos relativos, mientras que la población activa de 30 a 54 años y de más 55 años aumentan su peso respecto del total, los activos jóvenes (16 a 29 años) pasan de representar el 26,1% del total en 2006 a suponer el 16,4% en 2015 (imagen 4). Y aunque la caída se produce de manera continuada desde el año 2006, ésta parece acelerarse a partir de 2008 como consecuencia de la crisis económica. En paralelo a este descenso de la actividad, se produce un aumento (precisamente a partir de 2008) en la proporción de jóvenes de 16 a 29 años que se dedican fundamentalmente a estudiar, según datos de la EPA.

Imagen 4. Evolución de la presencia de los distintos grupos de edad en la población activa, España. Fuente: Encuesta de Población Activa (medias anuales).

Si del peso relativo pasamos a las tasas de actividad, hay que señalar que si bien las tasas de actividad de los jóvenes habían mostrado en los años anteriores a la crisis una cierta tendencia al alza, esta tendencia se trunca a partir de 2008, con un descenso generalizado tanto en hombres como en mujeres y para todos los grupos de edad, tal y como muestra la imagen 5.

Este comportamiento es fácil de entender al considerar paralelamente lo sucedido con los inactivos. El crecimiento tan fuerte de los inactivos se debe al aumento de jóvenes que sólo estudian, bien porque han alargado su periodo de formación o bien porque han vuelto al sistema educativo en un contexto de falta de empleo (Garrido, 2016). Dentro de esta población juvenil inactiva también encontraríamos a jóvenes que ni estudian ni trabajan, aunque algunos estudios, como el de Navarrete, han mostrado que el porcentaje de jóvenes en esta situación es relativamente bajo (Navarrete et al., 2011). Pau Serracant (2012) también propone un concepto operativo y real de los NiNis.

Imagen 4. Evolución de las tasas de actividad por sexo y grupo de edad de los jóvenes, España. Fuente: Encuesta de Población Activa (medias anuales).

Más allá del efecto de la crisis económica en las tasas de actividad, la imagen anterior permite observar diferencias significativas por edad. Como es lógico, a mayor edad mayor es la tasa de actividad; son jóvenes que en su mayoría han terminado o concluido su fase formativa y se han incorporado a la población activa, traduciéndose en magnitudes que, para el caso de los jóvenes de 25 a 29 años, se sitúan en torno al 80-90% dependiendo si el joven es hombre o mujer. Por el contrario, los jóvenes de 16 a 19 años muestran tasas menores, dado que a estas edades la mayoría de los individuos por lo general son estudiantes. No obstante, entre 2006 y 2008 las tasas de actividad alcanzaron en estas edades valores superiores al 30% para hombres y del 25% para mujeres, que podría ser debido, entre otras razones, a una mayor incidencia del abandono escolar prematuro en estos años anteriores a la crisis. A partir de 2008, los jóvenes de estas cohortes de edad optarían (o se verían obligados) en mayor medida por permanecer hasta edades más avanzadas en el sistema educativo y seguir formándose ante contextos económicos y de empleo desfavorables, lo que se traduciría en un incorporación más tardía a la población activa (Garrido, 2013).

Las diferencias por sexo son también significativas, aunque tienden a reducirse con el paso de los años. Sin duda una de las transformaciones más relevantes del mercado laboral español tiene que ver con la incorporación de la mujer a la población activa (Toharia, 2004). Sin necesidad de hacer una evolución desde las últimas décadas del pasado siglo XX hasta la actualidad, la imagen 5 ha mostrado que aunque sigan existiendo disparidades significativas, éstas tienden ligeramente a reducirse desde 2006 hasta 2015. De esta forma si, por ejemplo, para el grupo de 25 a 29 años la tasa de actividad en 2006 para hombres era de 90,5% y el de mujeres de esa misma edad se situaba en 81,6%, en 2015 la diferencia se reduce a 5 puntos (87,8% en hombres y 82,8% en mujeres). Misma tendencia se observa para las cohortes de menor edad.

Quizás donde mejor se observe la paulatina pérdida de importancia del colectivo juvenil dentro del mercado laboral español es cuando atendemos a las cifras de ocupación, esto es, de aquellos que efectivamente están trabajando. Mientras que la población ocupada de más de 30 años aumenta en los últimos diez años en términos absolutos en 467.000 personas, pese a los efectos de la crisis económica, la población joven de 16 a 29 años ocupada desciende desde los 4,9 millones de trabajadores en 2006 hasta los 2,4 millones en 2015 (tabla 1), lo que supone un descenso de 2,5 millones de personas aproximadamente en términos absolutos. El resultado lógico es una intensa caída del peso relativo de los jóvenes respecto al total de población ocupada.

Tabla 1. Evolución de la población joven ocupada por sexo y grupos de edad, España. Fuente: Encuesta de Población Activa (medias anuales).

  2006 2009 2012 2015
Miles de personas % ocupación Miles de personas % ocupación Miles de personas % ocupación Miles de personas % ocupación
Total jóvenes ocupados 4.920,60 58,4 3.753,80 46,9 2.624,00 36,6 2.380,30 36,1
Por sexo
Hombres 2.766,60 63,9 1.966,10 48,1 1.329,40 36,6 1.232,20 36,9
Mujeres 2.154,00 52,5 1.787,70 45,7 1.294,50 36,5 1.148,10 35,2
Por edad
16 a 19 386,6 20,8 204,4 11,1 84 4,8 83,8 4,9
20 a 24 1.655,20 57,9 1.192,80 44,4 768,8 31,3 718,9 31,4
25 a 29 2.878,80 77,5 2.356,60 68 1.771,20 59,8 1.577,60 60,9

En definitiva, estos datos están evidenciando no solo la progresiva pérdida de importancia relativa y de participación del colectivo juvenil en el mercado laboral, si no que apuntan además al comportamiento diferencial de los jóvenes respecto a colectivos de mayor edad. Una condición, la juvenil, caracterizada por una mayor vulnerabilidad y dificultad en términos de inserción laboral y que la crisis económica y social iniciada en el año 2008 ha agravado.

Al igual que ocurría con la actividad, la ocupación varía considerablemente con la edad: con independencia de la fecha que analicemos, a medida que se avanza en la edad de los jóvenes, aumentan tanto el número absoluto como la tasa de ocupación (ver tabla anterior). A los 16-19 años la dedicación principal de hombres y de mujeres es la formación, a partir de los 20 años comienza el tránsito del sistema educativo al mercado de trabajo y los y las jóvenes o son ocupados o desempleados. De 25 años en adelante, la inserción laboral es mucho mayor e, independientemente del efecto del desempleo, existe un predominio de la ocupación (Garrido, 2016).

En evolución, tanto en términos absolutos como relativos, constatamos un descenso de la ocupación juvenil tanto en hombres como en mujeres y en los distintos grupos de edad, aunque quizá más brusco para las cohortes más jóvenes. Los jóvenes de 16 a 19 años presentan una tasa en 2006 del 20,8%, descendiendo paulatinamente con el paso de los años hasta situarse en 2015 tan sólo en un 4,9%. La caída también es muy intensa en la cohorte de edad de 20 a 24 años, con una tasa en 2006 de 57,9% que desciende hasta el 31,4% en 2015, lo que significa una reducción del 46% en la tasa de ocupación y alrededor de 940.000 personas de estas edades que han dejado de trabajar. Es precisamente en estos grupos de edad (menores de 24 años), como se señaló en páginas precedentes, donde quizá se refleja con mayor claridad la estrategia de ‘refugio’ en el sistema educativo que ha provocado la crisis económica. Entre los jóvenes adultos, entre 25 y 29 años, la bajada de la ocupación es menor comparativamente, pero no por ello menos significativa, dado que se trata de un grupo en pleno proceso de inserción social: de estar ocupados más de tres cuartas partes de los jóvenes de edad económicamente activos han pasado a estarlo en 2015 solo seis de cada diez, habiéndose reducido los efectivos totales en más de 1,3 millones de personas.

En todos y cada uno de los años de la serie estudiada, la tasa de ocupación (y el número absoluto de efectivos) femenina es menor a la tasa masculina. Es cierto que con el paso de los años las tasas entre sexos tienden a equiparase, pero no por una mejora de la ocupación femenina, sino porque el descenso en los hombres es mucho más pronunciado.

3.2 JÓVENES OCUPADOS: ELEVADA TEMPORALIDAD Y PÉRDIDA DE PODER ADQUISITIVO

Uno de los aspectos distintivos y definitorios de la mayor fragilidad del colectivo juvenil ante el empleo en nuestro país es la precariedad estructural asociada, por un lado, a la mayor incidencia de la temporalidad y de empleos a tiempo parcial, por otro, al menor poder adquisitivo como consecuencia del menor salario percibido por el trabajo desempeñado.

En relación a los empleos a tiempo parcial, la tabla 6 muestra la evolución de los asalariados con este tipo de jornada desde 2006 hasta la actualidad. Tanto para el conjunto de la población asalariada como para el colectivo juvenil, el porcentaje de contratos a tiempo parcial (respecto al total de contratos) aumenta desde 2008 hasta prácticamente 2013, momento a partir el cual, las cifras se estabilizan.

Independientemente de esta evolución, lo cierto es que este tipo de jornada tiene mayor presencia en el colectivo juvenil que en el total de asalariados, no en vano los jóvenes compatibilizan el trabajo con los estudios, especialmente las cohortes más jóvenes (menores de 24 años). Dentro de los jóvenes, las diferencias según sexo son más que significativas; en torno a 10-15 puntos porcentuales mayor en mujeres que en varones a lo largo de la serie hasta llegar a 2015. En este año las asalariadas jóvenes con contratos a tiempo parcial representan un 34,8%, y aunque en los hombres también es elevado, es mucho menor: 21,2%.

Imagen 6. Evolución total de asalariados y asalariados jóvenes con contratos temporales y contratos tiempo parcial (% del total de contratos) según sexo, España. Fuente: Encuesta de Población Activa (medias anuales).

En esta misma imagen también podemos observar la evolución y estado actual de la temporalidad, confirmándose nuevamente la mayor concentración de asalariados con contratos temporales en los jóvenes en comparación con la población total asalariada. Una diferencia, que se mantiene a lo largo de la serie analizada, desde 2006 hasta 2015, y que no hace sino aumentar a partir de 2010, es decir, en plena crisis económica, cuando las tendencias en el conjunto de la población asalariada y de la población juvenil comienzan a seguir evoluciones contrapuestas, que aún hoy se mantienen. En el año 2015, el porcentaje de contratos temporales llega a alcanzar la cifra del 53,9% respecto del total de contratos en los varones jóvenes asalariados y del 54,7% en las mujeres jóvenes asalariadas, mientras que en el conjunto de la población asalariada (para ese mismo año) los contratos temporales escasamente superan el 25%. No obstante, tampoco debe olvidarse un hecho sumamente importante, a saber; la mayor incidencia de la temporalidad en los jóvenes no es un fenómeno propio o consecuencia de la actual crisis, al contrario, mayor temporalidad en el empleo respecto al conjunto de la población ya existía antes de la recesión económica.

Respecto a los contratos a tiempo parcial, las diferencias según el sexo de los jóvenes son muy significativas, con porcentajes mucho más elevados en mujeres que en hombres y con diferencias en torno a 15 puntos porcentuales a lo largo de toda la serie estudiada. Múltiples factores podría explicar el hecho de que este tipo de contratos se concentren fundamentalmente en el colectivo femenino. Una de esas razones es que las mujeres a estas edades, y en mayor medida que los hombres, estarían compatibilizando trabajo y estudio. Por otra parte, esto se puede explicar por el hecho de que las mujeres acceden a este tipo de empleos como un instrumento para compatibilizar la vida laboral y la vida familiar. Pero también, sin duda, estos datos nos informan de la mayor precariedad ante el empleo del colectivo femenino y mayor dificultad para acceder a trabajos estables y de calidad.

Por otra parte, el análisis del tipo de contrato de los jóvenes según edad (en el año 2015) evidencia que a menor edad, mayor es la temporalidad y menor el porcentaje de contratos indefinidos y viceversa (tabla 2).

Tabla 2. Distribución de los asalariados jóvenes según tipo de contrato por sexo y grupos de edad. España, 2015. Fuente: Encuesta de Población Activa (media anual).

  Total 16 a 19 20 a 24 25 a 29
Ambos sexos
Duración indefinida 45,7 13,5 31,4 54,1
Temporal 54,3 86,5 68,6 45,9
Hombres
Duración indefinida 46,2 15,4 31,6 55
Temporal 53,9 84,8 68,4 45
Mujeres
Duración indefinida 45,3 10,5 31,2 53,2
Temporal 54,7 89,5 68,8 46,8

De esta forma, mientras que los contratos temporales en los jóvenes de 25 a 29 años suponen un 45,9%, el porcentaje aumenta progresivamente hasta situarse en el 86,5% para aquellos jóvenes asalariados que tienen entre 16 y 19 años. Por el contrario, el peso relativo de la contratación indefinida es mayor para los jóvenes de 25 a 29 años (54,1%), disminuyendo a medida que desciende la edad. La tabla anterior también nos permite constatar que la temporalidad es más elevada entre las mujeres, como ya ha quedado dicho. Aunque es cierto que en las cohortes más avanzadas de edad (de 20 a 24 y de 25 a 29 años) la diferencia no es tan significativa, en las mujeres más jóvenes, es decir, las que tienen entre 16 y 19 años, el porcentaje de asalariadas con contratos temporales es de 89,5%, casi 5 puntos porcentuales por encima de sus homólogos varones.

Como se acaba de ver, la posición de desventaja laboral del colectivo juvenil y su mayor precariedad respecto al conjunto de la población se debe, en primer lugar a una mayor presencia de empleos a tiempo parcial y de temporalidad en los contratos. Dicha precariedad endémica, como se verá a continuación, también responde a un menor poder adquisitivo como consecuencia del menor salario medio percibido por el trabajo desempeñado. Pero el menor nivel de ingresos de los jóvenes respecto a la población total tampoco es un fenómeno reciente o consecuencia de la actual situación económica, más bien se trata de un hecho estructural que se deriva de la naturaleza del mercado laboral (Echaves, 2016). Y no solo aquí, en España, sino también en el conjunto de la Unión Europea (Moreno et al., 2012).

Imagen 7. Evolución del salario medio anual (salarios brutos) de los jóvenes y del total de población, España. Fuente: Encuesta Anual de Estructura Salarial (serie 2008-2013).

En los últimos años tiene lugar un descenso del poder adquisitivo de los jóvenes asalariados debido a la disminución del salario medio anual percibido (ver imagen 7). En primer lugar, a lo largo de toda la serie el salario medio anual de los jóvenes se sitúa muy por debajo del salario del total de población asalariada, con unas diferencias en torno a los 8.000 y 9.000 euros. Así mientras en 2008 el salario en términos medios de los jóvenes era de 13.500 euros aproximadamente, el del conjunto de la población se situaba en torno a los 21.880 euros. En segundo lugar, la disparidad salarial se torna más evidente en el año 2012, como consecuencia precisamente del descenso de los salarios medios de los jóvenes españoles. Estamos pues ante otro indicador evidente del deterioro de las condiciones laborales de los jóvenes en la década actual: mientras el salario de todos los ocupados en nuestro país se mantiene estable e incluso aumenta ligeramente, el del colectivo juvenil desciende, especialmente a partir de 2010, pasando de los 13.732 a 11.327 euros anuales en 2012, entre otras causas porque aumenta el trabajo a tiempo parcial entre los jóvenes, tal y como se ha visto anteriormente.

Pero el poder adquisitivo de los jóvenes no es homogéneo o el mismo para todos ellos, al contrario, existen diferencias muy significativas según la edad y el sexo. De esta forma y atendiendo a la imagen 8, a mayor edad del joven mayor es salario y a la inversa, a las menores edades les corresponde menores salarios. Esta es una dinámica que no cambia con el paso de los años, aunque las disparidades tienden a aumentar ligeramente a partir de 2010 (especialmente en 2011 y 2012) como consecuencia del descenso más brusco del salario medio anual de las cohortes más jóvenes (menores de 25 años). Para el año 2013, si el salario medio anual de los jóvenes de 16 a 19 años se situaba en 7.457 euros, el de los jóvenes comprendidos entre los 25 y 29 años de edad era casi el doble, 15.587. Paralelamente, los jóvenes de 20 a 24 años se sitúan en una realidad intermedia respecto a los extremos, con un salario para el último año de la serie que asciende a 10.668 euros anuales.

Imagen 8. Evolución del salario medio anual (salarios brutos) de los jóvenes según grupos de edad, España. Fuente: Encuesta Anual de Estructura Salarial (serie 2008-2013).

En España el menor sueldo percibido de las mujeres por los mismos trabajos desempeñados que los hombres, es un hecho constatado. A pesar del fuerte incremento registrado en nuestro país en las tasas de actividad y ocupación femenina desde la década de los ochenta del pasado siglo XX y su continua integración en el mercado laboral en lo que llevamos de siglo XXI, estamos lejos todavía de haber alcanzado la paridad entre hombres y mujeres en las condiciones laborales (Moreno et al., 2012), si ésta la analizamos a través de un indicador tan relevante como es el salario media anual.

Como puede apreciarse en la imagen 9, y aunque en su tendencia, tanto para varones como para mujeres jóvenes, el salario medio anual desciende desde 2008 hasta 2013, la renta percibida por unos y por otros es desigual, mucho mayor en los varones. Así, si el salario medio anual de éstos últimos en 2008 era como promedio en España de 14.830 euros, el de las mujeres jóvenes se situaba en 11.933 euros para ese mismo año, esto es, cerca de 3.000 euros menos. Ya en 2013, y a pesar de que los salarios entre hombres y mujeres tienden a aproximarse, las diferencias siguen siendo muy importantes, en torno a los 2.000 euros.

Imagen 9. Evolución del salario medio anual (salarios brutos) de los jóvenes según sexo, España. Fuente: Encuesta Anual de Estructura Salarial (serie 2008-2013).

3.3 LOS MÁS VULNERABLES: JÓVENES DESEMPLEADOS

Aunque el elevado desempleo juvenil es una realidad común a toda Europa, como se vio en páginas precedentes, es en España, tras Grecia, donde las tasas alcanzan valores más altos. Puede que el problema del desempleo juvenil en nuestro país sea endémico y que esté ligado a los problemas de desajuste entre oferta y demanda de mano de obra que la economía española arrastra desde hace más de treinta años (Toharia, 2005), sin embargo, la relación entre el paro de los jóvenes y el desempleo del conjunto de la población activa ha empeorado claramente desde el año 2008 en adelante. El efecto de la crisis en la destrucción de empleo juvenil es evidente (imagen 10), y con unas diferencias territoriales muy marcadas (por CCAA) que se mantienen estables desde 2001 a 2015 (Echaves, 2016).

Esta destrucción de empleo no ha sido homogénea para todos los grupos de edad, siendo especialmente virulenta para las cohortes más jóvenes. A lo largo de la serie la tasa de paro juvenil es mayor a medida que disminuye la edad y viceversa, menores tasas de desempleo cuanto mayor es el joven. No obstante, las diferencias entre cohortes aumentan claramente a partir del año 2008, alcanzando máximos en 2013. Para este año la tasa de paro de los jóvenes de 25 a 29 años alcanzaba el 33,3%; en los jóvenes de 20 a 24 años el 51,8% y en los de 16 a 19 años la cifra del 74%. Se podría afirmar, por tanto, que dentro del colectivo juvenil son los más jóvenes los más afectados por el actual contexto económico y los más expuestos a situaciones de vulnerabilidad, aunque tampoco habría que olvidar el alto porcentaje de desempleo entre los jóvenes adultos, un colectivo que se encuentra en pleno proceso de integración social.

Imagen 10. Evolución de la tasa de paro juvenil por grupos de edad, España. El dato de 2016 corresponde al I trimestre. Fuente: Encuesta de Población Activa (medias anuales).

A partir de 2013 las tasas de paro descienden en todos y cada uno de los grupos de edad, aun así, son cifras preocupantes, especialmente para los más jóvenes. Así, en el año 2016 (datos al I Trimestre de la EPA) la tasa de paro de los jóvenes de 16 a 19 años alcanza el 64,1%, el 43,3% para los jóvenes con una edad comprendida entre los 20 y 24 años, y el 28,4% en los jóvenes de 25 a 29 años. En todos los casos, los valores actuales todavía no han recuperado los correspondientes a 2011, lo que pone de manifiesto el camino que todavía queda por recorrer para que la recuperación económica sea una realidad y se empiecen a revertir los peores efectos de los años anteriores.

Tomando en evolución los datos de la EPA desde el año 2000 hasta la actualidad, el colectivo de las mujeres era el que presentaba mayor porcentaje de parados jóvenes, al menos hasta el año 2012 (Moreno, 2012). Esto se podía deber a la incorporación masiva de la mujer al conjunto de la población activa en las últimas décadas, pero, en cualquier caso, reflejaba un hecho incuestionable; la mayor dificultad para encontrar un empleo. Pero a partir de 2012, y ya en el año 2015, la tasa de paro juvenil es mayor en varones, tanto para el conjunto de ellos (38%), en comparación al total de ellas (35,4%), como para los grupos de edad de 20 a 24 y de 25 a 29, tal y como se puede apreciar en la tabla 3.

De esta forma, se podría afirmar que la mujer ha resistido mejor los nefastos efectos de la crisis económica en la mayoría de los grupos de edad, pero sin olvidar, claro está, el hecho de que éstas partían desde comienzos de los 2000 con tasas de desempleo mayores que los varones, según datos de la EPA.

Tabla 3. Tasas de paro de los jóvenes según grupos de edad y sexo. España, 2015. Fuente: Encuesta de Población Activa (media anual)

Total jóvenes Ambos sexos Hombres Mujeres
16 a 19 67,3 64,7 70,7
20 a 24 44,6 45,2 43,9
25 a 29 28,5 28,9 28,1
Total Jóvenes 16 a 29 36,7 37,3 36,1

4 CONCLUSIONES

Muchos de los rasgos laborales del colectivo juvenil en España que se han ido examinando a lo largo de las páginas precedentes (elevado desempleo; alto porcentaje de contratos temporales y de empleos a tiempo parcial; bajos salarios) ya estaban presentes antes del estallido de la crisis económica. Es decir, nos hemos movido en un doble plano analítico. Por una parte, se ha analizado una situación estructural de precarización del mercado laboral, ligada a la expansión del capitalismo global y a las políticas neoliberales. Por otra parte, nos enfrentamos a una coyuntura muy complicada como es la provocada por la recesión económica, la cual ha tenido, sobre todo en España, una especial repercusión negativa en el mercado de trabajo que ha afectado en general a todos los sectores de la sociedad española, y de manera bastante contundente a las cohortes más jóvenes.

El colectivo juvenil presenta en la actualidad un conjunto de características laborales diferenciales que les sitúa en una posición de clara desventaja y les ubica en una ‘condición estructural’, la de la juventud: mayores tasas de paro, mayores tasas de temporalidad en sus contratos y menores salarios respecto a la población total. Una mayor vulnerabilidad que se observa desde comienzos de la serie que se ha analizado y que no hace sino agravarse como consecuencia de la crisis económica iniciada en 2008. Especialmente alarmante es la situación laboral de los jóvenes menores de 24 años. Mayores niveles de desempleo y peores condiciones de trabajo, lo que les sitúa en una posición de claro deterioro no sólo respecto al conjunto de la población, sino también en relación a las cohortes de jóvenes-adultos, aquellos que tienen entre 25 y 29 años.

Por sexo, aun reduciéndose las diferencias en los dos últimos años, éstas siguen siendo muy relevantes. Las mujeres jóvenes presentan mayores porcentajes de contratos a tiempo parcial y perciben menores salarios que los hombres. No obstante, esto no es consecuencia de la actual recesión económica, al contrario, son situaciones de desigualdad laboral respecto a los varones previas a la crisis.

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