The humanist ideal of the young man in Pier Paolo Vergerio’s Paulus

El ideal de joven humanista en el Paulus de Pier Paolo Vergerio

O ideal do jovem humanista no Paulus de Pier Paolo Vergerio

Carlos Salvador Díaz
Universidad de Extremadura, salvadordiaz@unex.es
DOI: 10.22400/cij.6.e031

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RESUMEN

A finales del siglo XIV y principios del XV, en los principales focos académicos italianos – Florencia, Venecia, Milán, Padua, etc. –, comienzan a surgir las ideas humanistas que acabarían dando lugar al gran movimiento de renovación cultural que hoy en día llamamos Renacimiento. Movidos por este afán renovador, cada vez serán más los profesores y estudiosos que, queriendo recuperar los autores e ideales grecolatinos, defiendan un nuevo tipo de educación diferente al medieval, cuyo fin último sea alcanzar la libertad a través de la sabiduría y la virtud y en el que los jóvenes sean formados de una manera íntegra tanto física como intelectualmente.

El primero de estos tratadistas italianos en plasmar por escrito sus ideas educativas fue Pier Paolo Vergerio (1370-1444), profesor en la Universidad de Florencia, autor del pequeño libro De ingenuis moribus et liberalibus studiis adulescentiae, traducido al español como La educación del gentilhombre. Paralelamente a este trabajo, ya estudiado de sobra por numerosos autores, contamos también con su extensa correspondencia epistolar y con una comedia humanística que Vergerio compuso en una fecha todavía incierta: Paulus, ad iuvenum mores corrigendos; esto es, “Paulus, para corregir las costumbres de los jóvenes”. Tanto sus cartas como esta comedia nos sirven para entender en su totalidad los preceptos renovadores de Vergerio y su concepción del estudiante modélico.

Por esta razón, en las siguientes líneas trataremos de analizar brevemente la comedia Paulus para ver cuáles eran para él las costumbres de la juventud que necesitaban ser corregidas, cómo debían comportarse, según Vergerio, los buenos estudiantes de la época, y qué motivos hacían que estos se apartaran del camino de la virtud y la sabiduría. Para ello, contextualizaremos escuetamente al autor y la obra en su época, analizaremos su argumento y trataremos de ponerla en relación con otros textos de Vergerio, ya sean de sus cartas o del De ingenuis moribus.

PALABRAS CLAVE
Humanismo, Educación, Vergerio, Paulus, Juventud
ABSTRACT

At the end of the 14th and beginning of the 15th centuries, in the main Italian academic groups –Florence, Venice, Milan, Padua– the humanistic ideas that gave rise to the great cultural renewal movement known as Humanism, started to emerge. According to this desire of change, an increasing number of scholars and teachers, who tried to restore the Graeco-Roman authors and ideals, will defend a new type of education, unlike the medieval one, which ultimate goal is attaining personal freedom trough knowledge and virtue where the young are to be trained with integrity, both physically and intellectually.

The first of these Italian academics who actually wrote down his educational thoughts was Pier Paolo Vergerio (1370-1444), professor at Florence University and author of a little book titled De ingenuis moribus et liberalibus studiis adulescentiae, The education of a gentleman, in English. In parallel to this work, so widely studied by numerous authors, we also have his large correspondence and a humanistic comedy written by Vergerio at an uncertain date: Paulus, ad iuvenum mores corrigendos; which means “Paulus, to correct the habits of the young”, in English. His letters as well as this comedy serve us to entirely comprehend all Vergerio’s revolutionary precepts of and his conception of model student.

For this reason, in the following lines, we will try to briefly analyse the comedy Paulus, to see, according to Vergerio, which were the habits of the youth that needed to be corrected, how the good students of the time should behave and for what reasons they used to turn away from the path of virtue and knowledge. For that purpose, we shall plainly contextualize the author and his work in his time, analyze Paulus’ plot and try to relate it with other texts by Vergerio, whether his letters or De ingenuis moribus.

KEYWORDS
Humanism, Education, Vergerio, Paulus, Youth
RESUMO

Nos finais do século XIV e no começo do século XV, nos principais focos académicos italianos, Florença, Veneza, Milão, Pádua etc., começaram a surgir os ideais humanistas que acabariam por gerar um grande movimento de renovação cultural que hoje em dia chamamos Renascimento. Movidos por este afã renovador, cada vez serão mais os professores e estudiosos, que, com o desejo de recuperarem os autores e ideais grecolatinos, defenderão um novo tipo de educação diferente à do modelo medieval, cujo objetivo será alcançar a liberdade através da sabedoria e da virtude através das quais os jovens serão formados de uma forma íntegra não só física mas também inteletualmente.

O primeiro destes tratadistas italianos em plasmar as suas ideias educattivas foi Pier Paolo Vergerio (1370-1444), professor na Universidade de Florença, autor do pequeno livro De ingenuis moribus et liberalibus studiis adulescentiae, traduzido para español como  La educación del gentilhombre. Paralelamente a este trabalho, já sobejamente estudado por muitos autores, contamos também com a sua extensa correspondência e com uma comédia humanística que Vergerio compôs em data ainda incerta:  Paulus, ad iuvenum mores corrigendos; que significa “Paulus para corrigir os costumes dos jovens”. Tanto as suas cartas como esta comédia servem para entender na sua totalidade os preceitos renovadores de Vergerio e a sua conceção do de estudante exemplar.

Por esta razão, analisaremos brevemente a comedia Paulus para ver conhcermos quais eram para ele os costumes da juventude que precisavam de ser corrigidos, como se deviam comportar, segundo Vergerio, os bons estudantes da época, e que motivos levavam os jovens a afastarem-se do caminho da virtude e da sabedoria. Para este efeito, contextualizaremos de uma forma sucinta o autor e a obra na sua época, analizaremos o seu argumento e relacioná-la-emos com outros textos de Vergerio, quer com as suas cartas quer com De ingenuis moribus.”

PALAVRAS CHAVE
Humanismo, Educação, Vergerio, Paulus, Juventude
Recibido ǀ Received ǀ Recebido  16/01/2019,  Aceptado ǀ Accepted ǀ Aceito  28/01/2019,  Publicado ǀ Available ǀ Publicação  14/02/2019 
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1      Introducción

A lo largo de toda la Edad Media europea, la erudición y la cultura estuvieron profundamente ligadas a la Iglesia católica y a sus lugares de culto, lo que tuvo como consecuencia dos hechos importantes para entender la educación medieval. En primer lugar, fueron los monasterios, catedrales y conventos los que se ocuparon de custodiar el saber y los textos de la Antigüedad grecolatina, que pasaron de generación en generación gracias al trabajo de los copistas o scriptores. En segundo, fue alrededor de estos edificios donde nacieron las primeras escuelas, destinadas a instruir a jóvenes que querían formar parte de las diferentes órdenes religiosas, o bien a dar una educación básica a aquellos que se dedicarían a los oficios tradicionales, y donde la tarea de enseñar recaía siempre en clérigos con un nivel de formación, en la mayoría de los casos, elemental.

Aunque con los siglos estas escuelas fueron evolucionando hasta dar lugar a las primeras universidades europeas, como la de Bolonia (1088), París (1150), Palencia (1208) o Padua (1223) –en un momento de florecimiento cultural de la Baja Edad Media que algunos especialistas denominan Renacimiento del siglo XII–, a finales del siglo XIV la manera de enseñar que se practicaba en ellas empezó a dar signos de agotamiento. Las clases dominadas por la férrea auctoritas de los manuales del maestro, basados en glosas y repeticiones de las Sagradas Escrituras y de textos griegos y latinos que habían sido interpretados durante siglos bajo un prisma teocéntrico por los mismos religiosos que los copiaban y estudiaban, hacían de la escolástica, como se denomina esta corriente teórico-educativa, algo superado para el Humanismo que estaba por venir.

En efecto, entre las preocupaciones principales de los humanistas de los siglos XV y XVI estaba volver la vista a las civilizaciones griega y romana, a su legado y a su modus vivendi, y poner de una vez por todas al hombre y sus circunstancias, y no a Dios, en el centro del universo. Esto hizo que, por un lado, se volviera a las fuentes clásicas de una forma rigurosa, dándole una importancia que los escolásticos nunca le habían dado a los textos en lengua original y al estudio de la literatura que los escolásticos nunca le habían dado. Por otro, hizo además que los profesores y padres entendieran que el desarrollo de la sociedad dependía de la buena educación de sus alumnos e hijos, puesto que de ellos era el futuro y la capacidad de cambiarlo. En un mundo perfecto creado por Dios, como el de la Edad Media, los jóvenes no tenían ni necesitaban esta capacidad, por lo que no era importante dotarlos del razonamiento crítico o el entrenamiento necesarios para una vida intelectual o política que pudiera hacer mejoras sustanciales en su entorno.

Por todo ello, será en estos años cuando empiecen a surgir en Italia los primeros grandes maestros, considerados hoy en día pioneros en la historia de la educación, como Guarino da Verona (1374-1460) o Vittorino da Feltre (ca. 1375-1346), que pusieron en práctica unas nuevas ideas pedagógicas que formaron e influyeron a toda una generación de escritores, pensadores, artistas y políticos. Del mismo modo, aparecerán también algunos tratadistas italianos que dejarán por escrito sus reflexiones sobre la enseñanza, como Leonardo Bruni (1369-1444), canciller de la república florentina, con su tratado De studiis et litteris, o el propio autor del que nos ocupamos en este trabajo, con el ya mencionado De ingenuis moribus et liberalibus studiis adulescentiae.

Pier Paolo Vergerio (1370-1444) nació en Capodistria, la actual Koper, en Eslovenia, y comenzó a estudiar gramática y dialéctica en Padua cuando tenía unos 15 o 16 años. Más tarde, estudió lógica en Bolonia y, ya adulto, enseñó gramática y estudió derecho civil en Florencia, donde se ocupó de aprender griego con el maestro Manuel Crisoloras (ca. 1350-1415), erudito bizantino muy importante para el Humanismo y el Renacimiento, ya que enseñó griego en diferentes ciudades italianas, lo que permitiría a los intelectuales de la época acercarse a los textos originales de Homero, Platón, Demóstenes, etc. También en Florencia conoció al canciller Coluccio Salutati (1331-1406), preocupado del mismo modo que él por la instrucción de los jóvenes nobles de su ciudad. Este lo introdujo en las altas esferas culturales florentinas, y gracias a ello trabó amistad con Francesco Zabarella (1360-1417), sacerdote y docente de derecho, quien a su vez le presentó al príncipe Francesco Novello da Carrara (1359-1406), señor de Padua, y para cuyo hijo Ubertino compuso el De ingenuis moribus en los primeros meses del año 1402.

En este pequeño libro, Vergerio diserta sobre las diferentes disciplinas o studia liberalia que debían estudiar los alumnos, sobre su importancia en la formación integral del hombre libre y sobre cómo tenían que enseñarse y/o aprenderse. Sin embargo, no es el tratado un programa didáctico per se, sino más bien una defensa de lo que para él y sus contemporáneos debía ser la nueva educación, un compendio de preceptos que cada profesor o padre podía seguir para instruir a sus alumnos o hijos, o incluso cada estudiante para su propio aprendizaje. Entre sus ideas destacan algunas modernas, como que cada persona tenía unas capacidades diferentes a las que los docentes debían adaptarse, y otras heredadas de la tradición anterior pero renovadas o mejoradas de alguna forma. Por ejemplo, al igual que en la época medieval ­–y al igual, de hecho, que en nuestros días– consideraba que la formación debía ser gradual, hasta llegar ya en la vida adulta a los estudios superiores de Medicina, Derecho, Metafísica o Teología, pero abogaba por completar esta formación con otras actividades menospreciadas por los escolásticos, como gimnasia, poesía o dibujo.

Complementando al De ingenuis moribus, como ya indicamos al principio de estas páginas, contamos con unas 130 cartas escritas por Vergerio y dirigidas a diferentes amigos, familiares y personalidades de la época, entre ellos los citados humanistas Salutati, Bruni o Zabarella. En diferentes puntos de estas epístolas se dejan entrever las mismas ideas vertidas en el tratado, de una manera más argumentativa, más dialogada, diferente al carácter expositivo del libro. Un estudio en profundidad que relacionase estas cartas con el De ingenuis moribus et liberalibus studiis adulescentiae y con su comedia Paulus, ad iuvenum mores corrigendos, nos daría una interesante visión de conjunto de la concepción pedagógica de Vergerio, pero no tenemos espacio aquí para hacer tal cosa. Por ello, en los siguientes apartados nos centraremos simplemente en analizar la obra Paulus y relacionarla de manera superficial con otros fragmentos del autor, para ver cuáles eran sus críticas al comportamiento de los jóvenes alumnos de la época y sus consejos para tener éxito en los estudios.

2    Paulus. Características

El primer problema con el que nos encontramos al estudiar la comedia Paulus, ad iuvenum mores corrigendos es el de aclarar la fecha de su composición. Por desgracia para nosotros, Vergerio no dató el texto, por lo que numerosos especialistas han tratado de hacerlo a lo largo de los últimos años, dividiéndose sus opiniones en dos opciones mayoritarias: los que creen que fue compuesta entre los años 1388 y 1390, cuando el autor aún era un joven estudiante en Bolonia, y los que creen que lo fue alrededor de 1395, cuando era algo más maduro y ya trabajaba como profesor en Florencia.

Los primeros defienden una fecha temprana basándose en una frase del prólogo de la comedia donde el personaje encargado de la presentación indica que el escritor, al entregarle el manuscrito, le dijo, literalmente, “me entretuve con esto cuando era joven” –“iuvenis haec lusi”, en latín– de donde entienden que compuso la comedia como una distracción en sus años de estudiante universitario y luego la reelaboró. Añaden además que la trama de la comedia sucede en Bolonia y fue durante esos años precisamente cuando Vergerio conoció la vida estudiantil de la ciudad italiana. Por su parte, el segundo grupo de estudiosos se basa en la clara influencia que encontramos en la pieza del comediógrafo latino Terencio (185-159 a.C.) y el precursor del humanismo Francesco Petrarca (1304-1374), dos autores por los que Vergerio empezó a interesarse a una edad más avanzada, más cercana a la segunda fecha de 1395.

Aunque no nos corresponde a nosotros aquí dilucidar la verdadera fecha de composición del Paulus, sí diremos que estamos más de acuerdo con esta datación posterior. El hecho de que la trama ocurra en Bolonia y el protagonista sea un estudiante, como lo fue Vergerio, no nos parece relevante para que se escribiese en el mismo momento, pues pudo hacerlo perfectamente con posterioridad. Además, es posible que el explicitar que la comedia fue compuesta a edad temprana fuera una forma de librarse de las críticas que podía suscitar, una captatio benevolentiae, puesto que, como desarrollaremos más adelante, el Paulus fue una de las primeras comedias humanísticas que se escribieron, y los nuevos géneros siempre tienden a ser rechazados.

De hecho, sólo conocemos una comedia humanística anterior a la que nos ocupa, la primera de la que tenemos noticias: Philologia de Petrarca. Casualmente los únicos datos que tenemos de la Philologia, proporcionados por el propio Petrarca en sus cartas, son, por un lado, el recuerdo de una elocuente sententia que formaba parte del texto original –“maior pars hominum expectando moritur”, es decir, “la mayor parte de los hombres muere esperando”– y, por otro, que fue compuesta “tenera aetate”, esto es, “a una tierna edad”. No sería por tanto descabellado pensar que con sus declaraciones en el prólogo del Paulus Vergerio pretendiese honrar a un autor al que, como ya hemos dicho, estaba estudiando durante esa época de su carrera y que era precisamente el escritor de la primera comedia humanística, por lo que una similitud entre el texto de Philologia y el de su comedia le ayudaría a ocupar un lugar en la tradición del recién nacido género.

Sea como fuere, lo que sí tenemos claro es que el Paulus es la comedia humanística más antigua que se ha conservado en su totalidad. Este tipo de comedia, escrita para ser leída más que para ser representada, supone un eslabón muy importante en el desarrollo del teatro occidental, puesto que fue resultado del intento de los escritores humanistas italianos por recuperar el teatro clásico latino. Por ello, combinaba características de la comedia latina, como los personajes, los metros y los argumentos, con aspectos de las sociedades italianas de su época –en este caso, Bolonia–, de la misma forma que siglos antes los romanos utilizaban personajes y tramas del teatro griego mezclados con aspectos de la sociedad romana. Así, podemos explicar que uno de los esclavos, Titus, declare al entrar en escena que viene de la iglesia, de escuchar misa, y que dos líneas más adelante, para expresar sorpresa, utilice de forma totalmente anacrónica la expresión “¡por Hércules!”, una exclamación típicamente romana.

La comedia humanística solía tener, además, un carácter moralizador y ejemplarizante, aunque alejado, obviamente, de las enseñanzas cristianas del teatro medieval. En nuestro caso, por ejemplo, podríamos afirmar que Vergerio compuso la comedia para mostrar a la juventud qué debía y qué no debía hacer para medrar en sus estudios. Es decir, servía de exemplum. De esta forma, como ya Séneca (4 a.C – 65 d.C.) hiciera en el siglo primero después de Cristo, con sus diálogos, Epistulae morales ad Lucilium y sus tragedias –que servían, cada cual a su manera, para exponer al público los preceptos su filosofía estoica–, Vergerio recogía su universo pedagógico en su tratado académico, en sus cartas y en una obra que podía representarse y en la que el auditorio o los lectores podían ver perfectamente reflejado cuáles eran los peligros de dejarse llevar por la vida disoluta, aprender de ello y esforzarse para evitarlo.

Dividida en cinco actos, el argumento es el siguiente: un joven rico, Paulus, estudiante en Bolonia, ha decidido dejar a un lado las fiestas y las distracciones de la vida social para centrarse en sus estudios y poder así convertirse en un hombre de provecho de cara a la familia, los profesores y la ciudad. Para ello, avisa a su esclavo Herotes, instigador de todos sus excesos, de que va a cambiar de costumbres y que no va a permitir que lo arrastre de nuevo en sus maquinaciones. Sin embargo Herotes, que no está dispuesto a abandonar el estilo de vida desmedido que disfruta gracias a la compañía de su señor, lo convence para vender sus últimos libros y sacar dinero para organizar una fiesta de navidad, a la que le llevará una prostituta, Úrsula, hermosa, joven y virgen.

Mientras contrata a la chica, Herotes se aprovechará de sus servicios en varias ocasiones, situaciones que supondrán las escenas más cómicas de la obra, para más tarde entregársela a Paulus, mintiéndole, por tanto, en el asunto de su virginidad. Al final de la obra, tras la fiesta y la madrugada pasada junto a Úrsula, a la que Herotes echa sin miramientos de la casa de su señor, el joven estudiante habrá abandonado de nuevo sus buenos propósitos, por lo que el esclavo habrá conseguido su objetivo y quedará como el verdadero vencedor de la trama, frente a un Paulus derrotado de nuevo por sus inclinaciones y su incapacidad para dedicarse por completo a la búsqueda del conocimiento.

3    Paulus. Análisis

La comedia comienza con nuestro protagonista, Paulus, aún dormido por la resaca del banquete de la noche anterior, y a su lado el personaje anónimo encargado de recitar el prólogo, en cuyas breves palabras encontraremos ya indicios de la posición humanística de Vergerio ante la educación. Por ejemplo, justo después de comentar que el poeta le cedió un texto con el que había trasteado cuando era joven, como ya hemos dicho, nos indica que el tema de la obra es, entre otras cosas, mostrar cuán enemiga de los buenos estudiantes es la riqueza material.

Efectivamente, para el autor, el dinero y los bienes materiales eran uno de los obstáculos con el que se encontraban los alumnos a la hora de triunfar en su formación. Ya su amigo Santo dei Pellegrini le había indicado en una carta del 1389 –glosando la expresión de la Farsalia de Lucano (39-65) “fecunda virorum paupertas”, es decir, “la fecunda pobreza de los hombres”– que “necessitas pauperes sollicitat ad virtutem”, o “la necesidad conduce a los pobres a la virtud”, en español, por lo que no había que pensar en la falta de recursos como una desventaja, sino como un aliciente para la superación personal. El mismo Vergerio le contesta diciéndole que si bien en alguna ocasión la pobreza le había molestado –en su carta LXII, por ejemplo, reflexionará sobre el modo de vida frugal que había llevado durante su estancia en la universidad–, ahora la soportaba con gusto, como si fuera para él una nutrix, una nodriza que lo acompañaba y alimentaba.

En el mismo prólogo, en las líneas finales, hallamos también una crítica directa contra los esclavos que se aprovechan de sus señores, contra las amistades que, sacando partido del mismo modo de las fortunas ajenas, empujan a los jóvenes a distracciones insanas, y contra los progenitores que no se preocupan de la educación de sus hijos, algo de suma importancia para Vergerio: como escribió en el De ingenuis moribus, “los padres no pueden procurar para sus hijos ni una riqueza mayor ni un patrimonio más seguro que una educación en las artes liberales”. Precisamente la relación de Vergerio con sus padres es discutida en algunas de sus epístolas, en las que se alegra de haber dejado su hogar para estudiar fuera, puesto que en su ciudad natal, con la fortuna de su familia, no habría logrado ser un buen estudiante, mientras que en las ciudades italianas y sin apoyo económico se había dedicado por completo a los estudios liberales. En multitud de ocasiones el escritor dejará ver cómo pensaba que su padre no se había preocupado realmente de su educación, por lo que había que tenido que buscar otras figuras de autoridad que lo guiaran intelectualmente a lo largo de su cursus honorum.

Cuando acaba esta introducción, Paulus se despierta y comienza la verdadera acción de la comedia. En primer lugar, le cuenta a Herotes el magnífico sueño que ha tenido y su propósito de hacer realidad lo que había vivido en él: terminar por fin sus estudios y contraer matrimonio con una hermosa joven de buena familia, convirtiéndose de ese modo en un hombre admirado y escuchado por todos y realmente útil a la ciudad. Para conseguir dicho propósito, ha decidido que ha llegado el momento de alejarse de las fiestas, el alcohol y las prostitutas, y centrarse en estudiar seriamente. Dejará de gastar el dinero en salir, asistirá a todas las lecciones y dejará de dormir y de comer si es necesario para dedicar todo su tiempo a la universidad. Todas estas altas aspiraciones pueden resumirse en la sententia, tomada de la epístola XXII de Vergerio, “parcus cibi, somni parcior, et cuiusque desidiosi otii parcissimus”, es decir, “poca comida, aún menos sueño, y nada de cualquier distracción desidiosa”.

En este largo monólogo, Vergerio parece estar describiendo por boca del personaje creado por él su día a día como estudiante. Según encontramos en alguna de sus epístolas, por ejemplo en las cartas IIII o XXXXVI, nuestro autor ocupaba todo el tiempo posible en el estudio, consumiendo día y noche en garrulae disceptationes o, lo que es lo mismo, ejercitándose en discusiones retóricas. Decía que no había en la calle además ningún otium –distracción– o voluptas –placer– que le incitara a salir de casa para algo más que no fuera ir a sus clases, pasear o realizar algún tipo de ejercicio, pues creía, como todos los humanistas, en el tópico latino mens sana in corpore sano, como podemos leer en el De ingenuis moribus cuando defiende que la formación intelectual debía ir de la mano del entrenamiento físico. Se tenía, por tanto, como un modelo a seguir en los estudios.

Con todo Vergerio, por suerte para él, no tuvo que luchar contra las lisonjas de un esclavo como Herotes, que para disuadir a su señor de dedicarse tan vehementemente a su formación intelectual le convence de que debe dar una fiesta en casa como todos los demás nobles de la ciudad, ya que es Navidad y es, por su status, casi una obligación. Además, utilizará uno de los argumentos contra los que más luchan todos los nuevos pensadores humanistas para tratar de convencerlo: ¿para qué querría él siendo rico gastar su tiempo en procurarse una una educación elevada, en lugar de hacerlo en disfrutar de la vida, una vida que al final acabará como la de cualquier otra persona no instruida? Cuando veamos el patético final de Paulus en la comedia entenderemos, de la misma forma que queda plasmado en el De ingenuis moribus, que no se debe estudiar por el afán de ganar riquezas o fama, sino para ser sabio, virtuoso y libre. De nuevo resuenan los ecos de la filosofía de Séneca y de humanistas contemporáneos como Petrarca o Guarino da Verona.

Pero el hecho definitivo de la resignación de Paulus a los enredos de su esclavo es que Herotes promete llevarle como compañía al evento a una joven virgen, Ursula, una chica que se había mudado recientemente a una casa cercana con su madre Nicolasa. Convencido así al fin de celebrar la fiesta, le pide a su sirviente que recoja sus últimos libros, los venda y con el dinero compre todo lo necesario para el banquete y contrate a la prostituta. Las mujeres eran, también para Vergerio, una completa distracción para los jóvenes, ya fueran esposas o simples prostitutas. Así, en su epístola LVIII, en la que explica por qué no se ha buscado una buena pareja aún, carga contra ellas y las presenta como seres con los que es difícil convivir, que tienden, por naturaleza, a distraer a los hombres de sus otras actividades, mucho más importantes, y en la mayoría de los casos a gastarse todo su dinero. E incluso de no ser así, añade, incluso si estuvieran formadas y vinieran de una noble familia, si encajaran más en el papel de esposa que de cortesana, también por naturaleza querrían tener hijos, lo cual sería todavía más problemático para la carrera de los estudiantes. Aún así admite que es muy difícil resistirse al matrimonio y a la relaciones sexuales, pues desde pequeños se presentan a los hombres como algo deseable, por lo que requiere mucha fuerza de voluntad para los jóvenes universitarios no dejarse llevar por tales apetencias.

En el siguiente acto Paulus aparece con un antiguo liberto de la familia llamado Sticus –nombre parlante que nos recuerda a la comedia de Plauto (254 a.C. – 184 a.C.) Stichus, donde uno de los temas principales es la fidelidad de los esclavos y las esposas– al que su padre había encomendado vigilar sus asuntos, y que le advierte de los peligros de la vida que está llevando, pues se lo gastaba todo, según él, “luxu lenociniisque”, “en lujos y meretrices”. Increpado por Herotes, que vuelve a aparecer en escena después de llevar a cabo sus compras, Sticus pronunciará un largo y quejoso monólogo en el que veremos muchos de los aspectos que Vergerio reprochaba en sus compañeros estudiantes. Paulus era un chico prometedor de joven y su familia estaba muy orgullosa de él, pero de alguna manera se había aficionado a todos los vicios habidos y por haber y había convertido un futuro brillante en un presente vergonzoso. Su día a día era trasnochar y levantarse tarde, comer, echarse una siesta, jugar a los dados y yacer con mujeres, y si iba a clase lo hacía por vergüenza y con bolsas en los ojos, no de haber pasado la noche estudiando, sino de haberla pasado bebiendo. Sin embargo nuestro protagonista, convencido aún de que va a cambiar de hábitos, opta por no prestar atención a Sticus y seguir preparando todo para sus invitados.

Una vez despachado el liberto, tendrán lugar las escenas del Paulus que son, quizás, las más cómicas, pero las menos interesantes desde el punto de vista de nuestro análisis. En ellas, Herotes visita la casa de Nicolasa, la embauca y la convence de que le deje llevarse a Ursula para convertirla en la esposa de su señor, una mentira que utilizará para abusar de la joven en varias ocasiones. Diremos simplemente que queda así reflejada de nuevo la opinión que tenía Vergerio tanto de los sirvientes como de las mujeres; la única aspiración de ambos era la de aprovecharse del dinero de los jóvenes de buena familia, apartándolos de los comportamientos rectos que han de llevarlos a la sabiduría

En el último y largo monólogo de Herotes, este cuenta cómo engaña a Paulus al entregarle a una joven que no era virgen y cómo su señor, tras yacer con ella, había olvidado todos sus nobles propósitos y había vuelto al tipo de vida que era más conveniente para el esclavo y más pernicioso para él. Se jacta además de que no es la primera vez que lo hace, y de que se divierte rebajando a los señores al nivel de sirvientes, convirtiéndose así en el auténtico héroe y protagonista de la comedia, pues es el único que consigue un final feliz. De esta forma, el texto del Paulus concluye dándole sentido al nombre de Herotes, un nombre parlante, en nuestra opinión, que mezcla los términos heros –héroe, hombre ilustre– y Erotes –dioses del amor y el deseo en la mitología griega, acompañantes de Eros–, pues es él el que consigue embaucar a Paulus en la relación con Ursula y demás prostitutas, siendo el culpable de que su señor caiga en las trampas del deseo sexual.

4  Conclusiones

En primer lugar, tras el análisis llevado a cabo en estas páginas de la comedia Paulus, ad iuvenum mores corrigendos, creemos que ha quedado clara su estrecha relación con los demás escritos de Pier Paolo Vergerio, ya sean de sus epístolas o del pequeño tratado De ingenuis moribus et liberalibus studiis adulescentiae. Cada una de estas producciones tiene, en nuestra opinión, un papel determinado a la hora de presentar las ideas educativas de su autor. De esta forma, la comedia humanística serviría para mostrar, a modo de exemplum, cuáles eran los comportamientos de los malos estudiantes de la época, qué circunstancias los provocaban, cómo podían corregirse y por qué era necesario evitarlos a toda costa.

En segundo lugar, a través del personaje de Paulus hemos visto qué vicios podían apartar a los adolescentes del camino del conocimiento y la virtud. El alcohol, la pereza, las fiestas, las prostitutas… todo ello ocupaba un tiempo de la vida de los jóvenes que no podían utilizar para ir a clases o para ejercitarse físicamente, tareas más dignas que cualquier otra distracción. Sin embargo, también a través de Paulus y de su propósito de enmienda al comienzo de la trama, Vergerio, y por consiguiente sus colegas humanistas, nos indican qué se debe hacer para alcanzar el éxito académico: no salir de casa más que para ir a clases o ejercitarse, no gastar el dinero en fiestas, no rodearse de mujeres o amigos advenedizos, ayunar y no dormir si es necesario para tener más tiempo para las lecturas… En resumen, lo que el joven Pier Paolo declaraba haber hecho durante toda su vida universitaria.

Por último, y ya desde el prólogo, se nos deja muy claro que la principal fuente de los problemas que tenían estos escolares era el dinero, puesto que las fortunas de sus padres les permitían llevar un tipo de vida desmedido que los alejaba de las aulas y el estudio. Además, como leemos en las intervenciones de Herotes, la abundancia material les hacía creer que no tenían por qué formarse académicamente, pues no necesitaban una alta posición para ganar dinero y subsistir. Sin embargo, como ya había dicho Séneca muchos siglos antes, no se debe buscar la sabiduría para enriquecerse, sino para ser libre; la libertad la aspiración más importante de todas. Si esto no se entendía, podía ocurrir que un joven prometedor como Paulus, en palabras de Stichus, se convirtiera en un adulto mediocre.

Cabría señalar que, de estos vicios, uno de los más censurables era la compañía femenina. Vergerio veía necesario, por muy difícil que resultara, no dejarse llevar por las apetencias pasionales, puesto que las mujeres sólo eran vanas distracciones que consumían el dinero de los hombres y que, a largo plazo, no les aportaban nada. Esto ha quedado reflejado perfectamente en la comedia, donde Úrsula y la idea de acostarse con ella es, al fin y al cabo, el motivo principal por el que Paulus decide hacer una última fiesta en su casa, tras la cual desiste finalmente de convertirse en el alumno aplicado que se había propuesto al comienzo de la obra y queda, como ya hemos dicho, derrotado.

  Para terminar nuestro trabajo, nos gustaría hacer en estas últimas líneas una pequeña reflexión. A lo largo de toda la historia de la literatura y hasta nuestros días, numerosos autores han criticado a la juventud de su tiempo y a las generaciones posteriores por sus costumbres y su forma de enfrentar la vida, presentándola, normalmente, como una generación mucho menos trabajadora y moralmente inferior a la de sus padres. Como diría Cicerón (106 a.C. – 43 a.C.), “O tempora, o mores!”. La comedia que hemos analizado en este trabajo no deja de ser otro ejemplo de dicha tendencia, y es de hecho tan actual que podemos ver en su personaje principal un reflejo de cualquier adolescente o universitario de nuestra época, o incluso de nosotros mismos.

Sin embargo, no debemos olvidar que de esta misma generación que Vergerio representaba tan negativamente surgirían las mentes preclaras que alimentaron un movimiento cultural tan importante como el Renacimiento, de la misma forma que fueron los miembros de la generación X, tachada frecuentemente por los baby boomers como una generación “perdida” o “apática”, los que impulsaron la gran revolución tecnológica que se produjo mundialmente a finales del siglo pasado. En estos tiempos en los que las críticas al nivel de formación de los jóvenes son cada vez más duras, rescatar los textos antiguos es una buena manera de poner en perspectiva ciertos aspectos de nuestra vida y nuestra sociedad que creíamos indiscutibles, dejar de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor y recuperar la esperanza en las generaciones venideras y sus capacidades.

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